Existe la creencia de que cambiar los hábitos es eliminar radicalmente los alimentos que nos gustan mucho. Pero en ALCO comprendemos la importancia de darse gustitos semanales (consumir alimentos no dietéticos de nuestro agrado) como base de la continuidad en el tratamiento. La evidencia científica muestra que las dietas rígidas conducen, tanto en el corto como en el mediano y largo plazo, al descontrol alimentario y a los desórdenes.

Comenzar un tratamiento es aceptar la enfermedad como tal, asumir nuestra debilidad si quisiéramos afrontarla en soledad, porque no contamos con todas las respuestas. La aceptación y la entrega tienen que ver con reconocer que nuestra sola voluntad y nuestro sistema propio para bajar de peso no fueron suficientes: es hora de pedir ayuda.